| domingo, 25 de febrero de 2007 |
| El final de los principios |
 Uno va a lo largo de su vida elaborándose una imagen de si mismo. Cuando te enfrentas a problemas, cuando afrontas retos, cuando sufres, cuando lo pasas bien. Con el tiempo sueles pensar y decirte a ti mismo: “he descubierto que yo soy así”. Te dices haré esto de esta forma porque es como creo que está mejor hecho, o mejor aun, porque es como yo lo haría. Sin saberlo estas construyéndote a ti mismo, diseñas la persona que crees que serás en el futuro. Estableces si eres terco, o razonable, qué es intocable y qué no, cual es tu color favorito o qué bebida prefieres un sábado noche (por ejemplo). Es como si te imaginases a un individuo que camina frente a ti por la calle y dices: “ese seré yo”. Este trabajo lo hacemos continuamente, sin parar. A veces de manera consciente, a veces sin pensarlo. Según te vas enfrentando a adversidades así vas definiéndote a ti mismo. Sin embargo llegado el momento todo se para. Un buen día estimas que ya has trabajado suficiente y que tú “yo”, o esa imagen que tenias de ti, ya se ha construido. Ya “eres” como querías ser. Unos tardan más, otros quizás menos, unos lo hacen de forma consciente y se dan cuenta mientras discuten aguerridos sobre alguna cuestión, los hay que casi sin pensarlo dejan de elaborarse y pasan a afianzarse. Entonces deduces que has cerrado tu personalidad, que a partir de ese momento es el mundo el que debe amoldarse a ti. Ya elegiste qué y cómo eres. Ese ciclo se cerró. Este proceso levemente descrito es lo que comúnmente acontece durante nuestra niñez y adolescencia que pasa a cerrarse normalmente en nuestra adultez. Sin embargo este escéptico que aquí escribe hasta hace muy poco no estaba demasiado conforme con esa visión. Me gustaba considerarme una persona muy viva que va continuamente elaborándose a si mismo. No suelo permitir que mis principios o mi forma de ser me supongan una traba en mi proceso vital. Creo que no es bueno el autovictimismo. Es decir soy victima de muchas cosas, pero intento serlo lo menos posible de mi mismo. Por eso, me gustaba pensar que siempre tendré la frescura de un joven de 20 años. Porque creo que así estas continuamente evolucionando, y eso es lo realmente importante. Aquella famosa frase de Sócrates refleja bastante bien este espíritu “solo sé que no se nada”. Seguramente quiso decir con eso que siempre estaba aprendiendo. El aprendizaje requiere un enorme esfuerzo y un ejercicio de voluntariosa humildad ante el mundo. Yo intento siempre (o al menos eso creía) estar aprendiendo. Y cada vez incorporar nuevas reflexiones a mi haber, que tomo como fundamentos de mí ser, que pasan a formar parte de mí, y que aunque no son sagradas permanecen en mí hasta que sospecho que ya no son lo suficientemente validas como pensaba. Porque creo que en la universidad de la vida nadie se licencia y todos somos estudiantes siempre. Acostumbro a creer que soy así. Pienso que siempre debo estar aprendiendo. Sin embargo ¿hasta qué punto debe uno ser fiel a esos principios que vas aprendiendo de la vida? No hace mucho tuve la ocasión de plantearme muy de cerca si un principio debe o no determinar tu conducta de tal forma que pueda poner en peligro tu estabilidad emocional. Cuando tus principios chocan con alguien muy cercano a ti, y debes elegir todo se nubla. ¿Será esta una treta de la vida para replantearme mis fundamentos como persona? Quiero pensar que no, porque realmente esos principios que entorpecen mi estabilidad emocional no están cuestionados de forma lógica sino que están siendo forzados a ocultarse. Es básicamente un choque de trenes en el que el tren de mis principios avista en su misma vía el tren de sus principios. Aun tengo tiempo para decidir. Y pensar si ambos trenes deben chocar y sobrevivir el más fuerte, o si por el contrario deberán cambiar de vía. En tal caso ¿qué tren cambia de vía? La decisión políticamente correcta sería cerrar los ojos y no ser “quién yo pensaba que era”, saltarme mis principios. Pero no puedo evitar pensar que el lobo que llevo dentro jamás me perdonaría semejante ultraje, pues en ese acuerdo tácito de continua evolución no había ninguna clausura que dijera que los principios se pueden borrar así porque sí… Se avecina una guerra civil dentro de mí y el bando claramente ganador pasará a cuchillo a sus rivales políticos sino hago nada por evitarlo. Puede que solucione mi engorro emocional pero… ¿Solucionaré la decepción conmigo mismo? ¿Será este el final de los principios? ¿El final de mis principios? Fdo. Tataratrosky
Etiquetas: Wolf's cave |
posteado por Tataratrosky @ 14:05  |
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| 2 Comentarios: |
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Muchas veces ver varias metáforas de lo que le pasa a uno, más que confundir, ayuda. Y de hecho, la metáfora mental, la primera de la fila que salta por el córtex también dice mucho del estado mental actual con el que uno se está enfrentando a los problemas en ese momento.
Un tren es algo rígido, fuerte, y arrollador. Demuestra que si comparas tus principios con él, te consideras una persona con principios, con voluntad férrea de seguirlos que demuestra a su vez una creencia ciega en su validez. A su vez, chocar con otro tren de principios significa no subestimar los principios de la otra persona, cosa loable o no dependiendo del caso.
En el caso de los trenes, el choque representa un enfrentamiento total de principios sin posibilidad de comprensión ni acuerdo por ninguna de las dos partes.
¿Es eso realmente así? O nuestros principios son más como un color derramado en el suelo, y una situación de enfrentamiento puede verse menos violentamente como nuestro contacto con otro color en el suelo, como la mezcla de opiniones, comprensión y aprendizaje mutuos.
O son nuestros principios una burbuja en el aire, flotando libremente, huyendo de algunas y uniendose a otras mediante una fina capa, que aún sin ser nosotros, también son burbujas con una cantidad parecida de jabón en agua.
Muchas veces la fortaleza reside en controlar a tu ego interior, tu lobo solitario que clama por defender su indepencia. Muchas veces es más difícil seguir forjándose a uno mismo después de haberse enfriado el acero, cuando el martillo ya estaba guardado, y el herrero ve una muesca justo el día en que iba a vender la espada.
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Tienes toda la razón, quizas la metafora diga más de mi de lo que yo creia. Es posible que interprete las cosas de manera más rigida de lo que yo pensaba... y tu comentario me hace pensar. Muchas gracias Tom... eres un amigo.
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Bienvenido escéptico, este es tu espacio. Esta umbría esquina de la red te abre sus puertas a saborear el rancio placer de la crítica. El Steppenblog tiene como cometido ser una nueva ventana a la realidad donde nada se oculte, donde solo se perciban las tonalidades grises de la vida. A través de estas lineas oiremos el aullido del lobo en cada rincón de este decrépito mundo. Nuestras palabras serán el azote de los inocentes, de los crédulos porque el saber no tiene marcha atrás, porque tenemos la sabrosa desgracia de ser conscientes de la depravación del mundo. Porque, "si el mundo tiene razón, si esta música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón, entonces soy yo el que no la tiene, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento." Antes de seguir no olvides visitar la sección de premises donde aclaramos los pormenores de nuestra propuesta. |
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Muchas veces ver varias metáforas de lo que le pasa a uno, más que confundir, ayuda. Y de hecho, la metáfora mental, la primera de la fila que salta por el córtex también dice mucho del estado mental actual con el que uno se está enfrentando a los problemas en ese momento.
Un tren es algo rígido, fuerte, y arrollador. Demuestra que si comparas tus principios con él, te consideras una persona con principios, con voluntad férrea de seguirlos que demuestra a su vez una creencia ciega en su validez. A su vez, chocar con otro tren de principios significa no subestimar los principios de la otra persona, cosa loable o no dependiendo del caso.
En el caso de los trenes, el choque representa un enfrentamiento total de principios sin posibilidad de comprensión ni acuerdo por ninguna de las dos partes.
¿Es eso realmente así? O nuestros principios son más como un color derramado en el suelo, y una situación de enfrentamiento puede verse menos violentamente como nuestro contacto con otro color en el suelo, como la mezcla de opiniones, comprensión y aprendizaje mutuos.
O son nuestros principios una burbuja en el aire, flotando libremente, huyendo de algunas y uniendose a otras mediante una fina capa, que aún sin ser nosotros, también son burbujas con una cantidad parecida de jabón en agua.
Muchas veces la fortaleza reside en controlar a tu ego interior, tu lobo solitario que clama por defender su indepencia. Muchas veces es más difícil seguir forjándose a uno mismo después de haberse enfriado el acero, cuando el martillo ya estaba guardado, y el herrero ve una muesca justo el día en que iba a vender la espada.