 Hoy se cumplen tres años de los atentados del 11-M. Un día sin duda triste para todos. Tantas muertes y tanto dolor debe como siempre hacernos pensar, reflexionar sobre este terrible suceso que dejó sin habla al mundo aquella gris mañana de jueves. Y sirvan estas palabras en un día tan triste como hoy para recordar a aquellos que entonces perdieron la vida de forma salvaje e injusta, todos esos 191 individuos tienen y tendrán siempre un rincón en el corazón de todos. Un corazón que aun se estremece al recordar siquiera esas horrendas imágenes. Aunque pasan ya tres años, lo cierto es que aun hoy la sociedad española se muestra asustadiza al no haber digerido aun ni unificado su criterio sobre lo sucedido. Y es que las trifurcas políticas (mal de la España democrática) aun hoy siguen sangrantes; heridas pululentas sin cicatrizar que apestan el debate político de la nación. Como si no fuera suficiente el hecho en si de tantas muertes. Así políticos y asociaciones de victimas polarizan sus versiones alejándose de cualquier tipo de acuerdo de mínimos sobre lo ocurrido. Esgrimiendo estúpidas excusas y centrándose en “el tú dijiste” y el “tú hiciste”, olvidando por momentos el enorme daño que hacen con su actitud a una sociedad (la española) deseosa de, hermanamiento y unidad ante lo ocurrido. Una muestra ineludible de la falta de cultura democrática de nuestra cúpula política. Y desde aquí, este escéptico que escribe piensa en voz alta como siempre y se pregunta ¿hemos aprendido algo de este horrendo suceso? ¿Sirvieron para algo sus muertes y las de tantos antes que ellos? Me parece que no. Las cosas están peor si cabe que cuando aconteció todo aquello. Si el 11-S no enseñó a la humanidad que el desequilibrio estructural de la población mundial genera un malestar tan fuerte que canalizado a través de la violencia conduce al triste fenómeno del terrorismo. El 11-M tampoco logró abrir los ojos a las gentes del tremendo problema al que se enfrenta –sí quizás a España, o al menos amainó su política cuando tras el cambio de gobierno se intentó una desvinculación de las políticas más agresivas con el tercer mundo-. Lastima que en vez de eso, se populariza a pasos agigantados el bananero lenguaje de pelis de John Wayne de buenos y malos. Sin pensar, los artífices de esto, que su ansia por rotular al enemigo de malvado –su ansia por recalificar el mal recuperado del lenguaje de los 60- está haciendo mucho daño. Pone enormes trabas y dificulta una percepción seria y clara acerca de por qué tanta gente en el mundo simpatiza con la causa de los terroristas. Están obstaculizando enormemente un fenómeno sin el que no se va a poder comprender el recién nacido siglo XXI: la ira. Una ira que refleja la voz de aquellos que se sienten humillados de forma sistemática (entendiendo sistemático no por continuo, que lo es, sino por estructural). Y es que a ojos de muchos analistas la humillación es uno de los grandes motores del mundo moderno en sus estadios más avanzados de globalización. Por si fuera poco tampoco se plantean si las tácticas y estrategias que usan para capturar a nuestros “malvados enemigos” podrían tener la consecuencia involuntaria de crear un ámbito en el que los terroristas continúen floreciendo. Y es que el terrorismo además de mano dura necesita un enorme esfuerzo por comprender cómo nuestras políticas pasadas contribuyeron a generar esos enormes resentimientos. Mientras esta escalada de la visión simplista y humillante de buenos y malos no se detenga las victimas de 11-M habrán muerto en vano, porque el mundo no habrá aprendido nada. Y está efeméride será entonces, si cabe, aun más triste. Fdo. Tataratrosky Etiquetas: Wolf's cave |