
No es la sensación de un día. O la de un momento concreto. Ser escéptico es un largo proceso al que la vida te conduce. Vemos el mundo tal y como es, lleno de problemas, de fatalidades, de desgracias, y eso nos hace ser gente singular. A veces te llamarán crítico, a veces inconformista, en ocasiones serás el pesado. Pero lo cierto es que eres un individuo especial. Tienes la capacidad de ver más allá de donde el resto de la gente mira. Es una cuestión de profundidad… es una cuestión de formas. Nuestro análisis va mucho más allá de una mera supervisión de los hechos. Siempre hay algo más, siempre hay un por qué para las cosas. Por eso el escéptico es un individuo particular. El escéptico jamás lee, sino que analiza, tampoco mira, en lugar de eso el escéptico observa, no recibe impresiones sino que las escudriña… con el tiempo ves siempre las dos caras de la moneda. Y entonces llega el desengaño. Y te levantas un día en el que descubres que nada era cierto, que los cuentos son solo cuentos, no hay príncipes azules, ni princesas en torres, los dragones no existen y los elfos son sólo para D&d. Lastima que tardemos tanto en asimilarlo. Pero yo os animo, una vez que comprendemos que la vida es cruel, que la gente muere, y que no hay nada más, entonces comienza una nueva visión de la realidad. Desde ese mismo instante en que las utopías dejan de ser reales, tu mente pone los pies en el suelo y empieza a trabajar de verdad. Entonces (y solo entonces) dejas de hacer castillos de arena, dejas de montar torres de babel que se desmoronan cuando el viento cambia, y empiezas a pensar DE VERDAD. Si atraviesas esa barrera un universo de nuevas percepciones se abre sobre ti, has dejado de ser ciego, para ser tuerto. Formas parte de ese selecto club de personas que superaron la etapa de conciencia de uno mismo, para entrar en la etapa de conciencia del mundo en el que vive. Parece sencillo, pero lleva mucho tiempo. Lastima que sea tan doloroso. Fdo. TataratroskyEtiquetas: Premises |