Bueno, aquí me tenéis, vuelvo a escribir en este blog. Por primera vez, encabezando un artículo que no trata sobre cine. Me pareció un tema que podría dar un poco de vida al blog, ya que al igual que el artículo de la Semana Santa, podría resultar algo polémico, dado que las opiniones sobre el tema son diversas. Ahí tenéis, espero que os guste.
Esta actividad tiene antecedentes que se remontan a la Edad de Bronce, y se ha desarrollado a lo largo de siglos como una forma de demostración de valentía, al estilo de algunas tribus que aún practican ritos de paso de la niñez a la edad adulta.
En la antigua Roma se presentaban espectáculos con Uros (especie bovina extinta) que eran arrojados a la arena del circo para su captura y muerte por parte de algunos representantes de familias nobles, quienes mostraban así sus dotes de cazadores. También se arrojaban en manadas a los cristianos durante las ejecuciones públicas efectuadas en la época de la persecución; y además, se utilizaba a estos animales durante los enfrentamientos de gladiadores como entretenimiento adicional.
En época medieval comienza la práctica taurina del lanceo de toros, a la que se sabe eran aficionados Carlomagno y Alfonso X El Sabio entre otros. Estos espectáculos se presentaban en plazas públicas y lugares abiertos como parte de celebraciones de victorias bélicas, patronímicos y fiestas, con el consecuente riesgo que esto suponía para los espectadores.
Durante esta época la nobleza comienza a utilizar a sus peones y escuderos para distraer al toro mientras cambiaban algún caballo cansado o herido, o para rescatarlos de una caída. Con la aparición de los picadores en sustitución de las lanzas, para dar a los nobles de a caballo el privilegio de matar al toro, estos peones y auxiliares adquieren la responsabilidad de llevar al toro al picador, con lo que evoluciona la faena de capote y adquiere valor estético. En muchas ocasiones si el de a caballo no podía matar al toro se delegaba la responsabilidad en los de a pie.
A partir del siglo XVII comienzan a surgir nombres entre los toreros de a pie por su estilo y valor, además de la simpatía que estos representaban por ser parte del mismo pueblo y no de la nobleza, siendo solicitados por el público para presentarse como evento principal.
Paulatinamente el gusto del público se inclina por los toreros de a pie y, si bien con extrañas variaciones, se va estableciendo a lo largo del siglo XVIII todos los elementos de las corridas modernas. De esta época son algunas de las primeras figuras conocidas del toreo.
Ahora bien, tras una pequeña sesión de historia taurina, que a todos nos viene bien. Quería dar paso a la polémica pregunta del título del artículo: “Tauromaquia: ¿Arte o Asesinato?”.
Hasta este verano, yo era partidario de la opinión fácil, Toros=asesinato. Pero, conocí a un hombre que hizo cambiar mi punto de vista. Todo se desarrolló durante la cena, no recuerdo cómo pero surgió el tema, él dijo que era una tradición, algo del pueblo. A lo que yo respondí:
—Entonces, deberíamos continuar enfrentando a esclavos en los coliseos, como hacia los romanos, al fin y al cabo era una tradición.
Él me miró, y con su acento canario me dijo:
—Veo que tú eres de los que está en contra. Te contaré una cosa— señaló la carne de mi plato y continuó— Ese pollo que estás comiendo ha vivido durante un año en un cubículo 1x1 metro, comiendo pienso y lo han matado a base de descargas eléctricas. Sin embargo, un toro vive durante 5 años en un pasto, al aire libre, con la oportunidad de reproducirse y a la hora de la corrida, con la posibilidad de luchar por su vida. Si tuvieras que elegir ¿qué preferirías?
Yo no tuve más remedio que morderme la lengua y responder:
—Ser toro.
Desde ese momento tengo serias dudas acerca de si las corridas de toros al cabo tan asesinatos como los otros. ¿Qué opináis al respecto? ¿Qué preferís ser?.
Fdo. G Freeman